Volver al �ndice

Asterix y la naci�n francesa.

Por Elizabeth Lerner

La repetici�n es uno de los rasgos dominantes a la hora de definir el personaje de una historieta. Un personaje se reconocer� por marcas que se reiteran a lo largo de cada historia y de toda una serie, cuando es el caso. Narices, ojos, orejas, bocas, vestimenta, contextura f�sica, pelo, expresiones t�picas conducen la lectura: no volvemos atr�s las p�ginas para corroborar que Obelix, ese galo entrad�simo en carnes y con una sonrisa perpleja, sea, efectivamente, Obelix. En este sentido, la historieta comparte algo con los cantares de juglares: los personajes se construyen con pocos, reconocibles, repetidos e inmutables ingredientes. No, aqu� los diversos vestidos de Madame Bovary no tienen lugar, tampoco sus variables estados de �nimo: la repetici�n se esgrime como arma caracter�stica a la hora de contar la historia; los cambios y variaciones en los personajes s�lo se dar�n dentro de los cambios y variaciones que cada historia permita.

En Asterix, la repetici�n se utiliza como recurso en la construcci�n de los personajes. Ya desde la primera p�gina, cada ejemplar presentar� invariablemente a sus protagonistas: dibujo y breve descripci�n de su esp�ritu; pero adem�s, la repetici�n estructura la historia en tanto serie. Las historias var�an, pero la fiesta gala, ritual gastron�mico alrededor del fuego, corona todos los finales. Los galos siempre triunfan, siempre festejan ese triunfo sobre el invasor romano. Esta repetici�n del triunfo es coherente con la repetici�n del eficaz m�todo de ataque: la lucha encarnizadada y ca�tica, la ferocidad conseguida a trav�s de la famosa poci�n m�gica. Asterix se podr�a leer como ecuaci�n de la victoria, como receta �nica y exitosa de la lucha que dar� lugar al triunfo galo, siempre.

Asterix, en estos t�rminos, fija un fragmento del pasado franc�s: el triunfo de lo nacional frente a lo imperial. Y es en esta reiteraci�n de la victoria gala en donde se desliza una hip�tesis sobre la naci�n, una posible definici�n. En Naciones y nacionalismos desde 1780 * Eric Hobsbawm se�ala que el concepto de naci�n var�a hist�ricamente, o sea, el revolucionario franc�s de 1789 no la conceb�a de la misma manera que el revolucionario franc�s de 1830 (contagiado por el esp�ritu de la era de las revoluciones europeas), tampoco la entender� de igual modo un militante obrero de principios del siglo XX o un activista del I.R.A. Algunos apelar�n a rasgos ling��sticos, otros, a cuestiones de derechos y obligaciones civiles y militares, y otros, a aspectos �tnicos. Sin embargo, el Profesor Hobsbawm afirma un punto: hacia el �ltimo cuarto del siglo XIX, el concepto de naci�n cobra un rasgo nuevo: el pol�tico. Naci�n ser�, a partir de ese momento, un cuerpo cohesivo, unido e independiente. He aqu� la noci�n moderna, que gravita en Asterix y que signa a la naci�n francesa --en el marco de esta historieta-- con la voluntad de lucha y la capacidad para la resistencia. Pero a�n hay otra vuelta de tuerca en esta operaci�n. Nos recuerda Hobsbawm: naci�n en su sentido primigenio equivale a origen, nacimiento, pa�s natal. Entonces, en Asterix se construye el concepto de naci�n a partir de los t�rminos de origen e independencia pero tambi�n en tanto "principio", en el sentido de comienzo o piedra basal de la naci�n francesa.

Asterix enuncia la hip�tesis (extremada a trav�s del recurso propio historietil de la repetici�n, la fijaci�n y la cuasi inmutabilidad de la estructura de personajes e historia) de la naci�n francesa nacida en y para la resistencia a un invasor. Esta hip�tesis funciona, en primer lugar, para la serie hist�rica inmediata: el a�o 50 A.C, pero tambi�n se dibuja como matriz a-hist�rica que encajar� convenientemente en una lectura general del pasado franc�s en t�rminos de unidad nacional ante conflictos exteriores 1.

Hobsbawm recalca cierto "elemento de artefacto, invenci�n e ingenier�a social que interviene en la construcci�n de las naciones" 2. En este sentido, Asterix ingresa al campo cultural como un producto est�tico que colabora en la proyecci�n de un perfil nacional (o en la interpretaci�n de ese perfil). Si la naci�n es una ficci�n (necesaria, funcional a un estado) construida a partir de determinadas im�genes est�ticas, su concepci�n puede ser rastreada en el campo del arte que, en mayor o menor grado, construye, fortalece o erosiona las pr�cticas pol�ticas dominantes 3.

Asterix no s�lo pretende condensar los rasgos nacionales franceses en la vi�eta �nica del triunfo de la p�gina 48 sino que signa tambi�n otras nacionalidades: explora en los antepasados de otros pueblos de Europa para fijarlos, tambi�n en rasgos "t�picos" que emergen en el dibujo pero tambi�n en el gui�n. As�, los hispanos ser�n morochos y osados; los corsos, de rectil�nea nariz, largu�simos apellidos y gran susceptibilidad; los belgas, rubios, gigantescos y con una incre�ble capacidad para luchar y comer. Entonces, esta historieta funciona como m�quina de representaci�n de los rasgos de las naciones europeas en t�rminos de emblema. Lo nacional es representado en t�rminos de "rasgo t�pico" que en este caso, mezcla antig�edad y modernidad: el gui�o con el "futuro" es permanente: as�, los habitantes de Arm�rica se indignan al pensar que sus bellos parajes podr�an convertirse en un centro vacacional; en Breta�a, nuestros h�roes se topan con cuatro peludos que entonan el reconocido yeah yeah yeah; en Hispania, las aventuras los llevan al encuentro de un caballero andante, cuya figura, emancipada de su campo espec�fico, transita las mismas dimensiones que el parodiado Julio Cesar y sus m�s que tontos tribunos y centuriones.

Asterix proyecta al resto de Europa en un lienzo salpicado de color local. Cada pueblo tendr� rasgos inmutables, que se reiteran a trav�s de toda la serie. En el caso franc�s, claro, la iteraci�n se basa en la dominante del triunfo de "las armas". La nacionalidad se forja en esa repetici�n casi absurda, deja de lado complejidades y grises, es sint�tica, inerte y as�, eficaz en su efecto c�mico, narrativo y pol�tico.

La serie de Uderzo y Goscinny lima asperezas: arma un sistema luminoso para echar un vistazo a los eventos del pasado de Francia, formula su historia en clave de mito (el retorno y la repetici�n de la victoria), clausura desv�os conflictivos (como puede ser la divisi�n del pa�s en Resistencia y Colaboraci�n). En definitiva, historieta e historia engendran un fin �nico y previsible, un destino inapelable.

*HOBSBAWM, Eric, Naciones y nacionalismos desde 1780, Buenos Aires, Cr�tica, 1998.

NOTAS

(1) Uno de estos conflictos es el enfrentamiento con los pa�ses del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Conflicto no enteramente exterior ya que gran parte de la Naci�n Francesa se constituy� en una c�lula colaboracionista nazi, avalada institucionalmente por un gobierno formal, encabezado por un igualmente formal mariscal. Aparentemente, esta ruptura de la unidad nacional nunca fue incorporada del todo a la historia de Francia.

(2) Op.cit. P.18.

(3) En esta direcci�n, en Cultura e Imperialismo (1993) Edward Said postula el "gran poder creativo" e intelectual de las naciones imperiales, que se articulaba permanentemente con un proyecto pol�tico. Espec�ficamente se refiere a autores tales como Rudyard Kipling y su funci�n fortalecedora del proceder brit�nico en las colonias. Tambi�n Josefina Ludmer en El cuerpo del delito (1999), en referencia a la llamada "Generaci�n del �80" argentina se�ala la necesidad del Estado de producir ciertas "ficciones" para su constituci�n, definici�n y organizaci�n.